Cada vez que veo un cartel de prohibido hacer fotos el ácrata que llevo dentro no para hasta que me convence de que saque el móvil y dispare. Esta vez se juntó con el fan de Los Tudor así que era imposible no caer en la tentación de sacar una foto justo en esta capilla aún a riesgo de llevar una bronca de los amables british que custodian la Abadía.

Al final hubo suerte.